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Casa Club Real Federación Española de Golf

martes, 24 de diciembre de 2013

SEIS BOLAS NARANJA

 Soy del mismo color naranja, que mis cinco compañeras, que estamos dentro de la bolsita de redecilla color violeta rosada. Somos, la media docena, de la "suerte"; tal como nos define el novat@. Llevamos más de 12 años juntas; y, que yo sepa, no tenemos marca. No sé si és, porque el uso nos la ha borrado, o porque nunca la tuvimos.
Semejante a la bolsa en que estamos nosotras.
Sin embargo, el novat@, nos tiene a buen recaudo.

 Mi primer recuerdo es, sentir la mano de un client@ remover dentro del recipiente de cristal,dónde estoy en compañía de otras más. Nuestro destino es ser vendidas - nomalmente a jugadores novatos - bajo la denominación de "recicladas".

 Nuestro reciclado ha consistido (estamos todavía brillantes) en haber sido muy bien lavadas - con el gel de baño de la familia - en la bañera de la casa, de uno de los chicos, que nos ha encontrado.

 Nuestra hipotética venta, les proporcionará medios para poder ir de marcha, alguna noche veraniega. La idea de buscar bolas extraviadas, en el fuera de "límites" del campo de golf de la urbanización, se les ocurrió a dos de los cinco amigos, que forman parte del  grupo, durante las horas de una siesta. Estaban en casa de un tercero, cuyo padre ha sido un acaudalado constructor, pero que por la crisis, está en horas bajas económicas.

 Estamos expuestas, en un recipiente cilíndrico de cristal transparente - parecido a un paragüero - en el extremo más alejado, sobre el mostrador de la tienda del campo de golf. Nos han quitado de en medio para evitar, que de un codazo tiren el recipiente haciéndolo pedazos, y salgamos rodando despavoridas. También botando. Porque, rodar, rodamos como condenadas - muchas veces  en direcciones que no debemos -. Y puestas a botar, también, botamos - a veces - más de la cuenta. En ocasiones, hasta podemos dar algún susto.

 Sin embargo, a nosotras seis nos sacó del recipiente un novat@, que entró una tarde a última hora, para comprar una bolsa para guardar los zapatos. Excepto nosotras, todas las demás, eran de color blanco. Le oí exclamar:

 - ¡Bolas color naranja! ¡Qué bonitas! El naranja es, mi color preferido.

 - ¿Cuántas hay? - preguntó a la vendedora-. Me llevo, las que tengas.

 El novat@ cogió la escalera de dos peldaños de la tienda, para ponerse al nivel de la boca de nuestro recipiente. Le costó cogernos, porque estábamos distribuídas, de manera arbitraria. Y, somos duras. Tuvo que sacarcanos una a una, poniéndonos en fila en el mostrador, hasta que estuvo segura, que todas las naranjas estábamos ya separadas.

 Nos pagó. Nos guardó de tres en tres, en cada bolsillo de su chubasquero, y se olvidó comprar, la bolsa de los zapatos.

 Desde entonces, nos utiliza para "patear"; no nos olvida nunca. Nos lleva a donde va. Nosotras le devolvemos sus atenciones, embocando, siempre. Hasta cuando era novat@, hemos embocado, a la primera. A cualquier distancia y en cualquier condición.

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