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Casa Club Real Federación Española de Golf

martes, 12 de noviembre de 2013

EL GOLF CIMENTÓ ESTA AMISTAD

 En el instante en que el novat@ lleva la taza del café a los labios, gira la cabeza a la izquierda y toma conciencia, que la luz de la mañana tiene un suave color dorado.

 En un segundo, su cabeza abandona el lugar ante el ordenador, para trasladarse veinte años atrás, y revivir otro dorado día de otoño, a la sombra de un sauce llorón.


 La nostalgia, no es lo que dicen, los poetas; es vivir en un instante, el trayecto, de nuestros recuerdos. A veces, con caras alegres y entornos, tan queridos para el novat@, como es el Club de Golf Bonmont.

 El golf es humano, aunque a veces, los golfistas - entre veras y bromas -, al novat@ se lo han definido como "inhumano". Es posible, que al referirse a esa inhumanidad, lo hagan partiendo de algunas de las características de este deporte, en el que nunca ocurre lo que se espera; y que, por un "allá quítame esa hierbecita", la bola puede terminar, en cualquier lugar, menos en el hoyo.

 Por estas salidas inesperadas de la bola, en muchos torneos pueden acabarse amistades de treinta años; o, iniciarse algunas otras, que duran otros tantos.

 Fue lo que le ocurrió al novat@ con Rosa. Al contrario de lo que suele ocurrir en las comunidades pequeñas - y la formada por residentes en las urbanizaciones de los campos de golf - lo son, propician los dimes y diretes - por un punto más o menos claro en un torneo.

 Entre Rosa y el novat@, la amistad nació sin compromiso alguno. Ella es madre de una niña y un chico de siete y cinco años. Decidieron vivir en Bomont, porque el neumólogo recomendó a su marido, que practicara golf. Si a eso se le une, la tranquilidad que ofrece un campo de golf, para que los niños correteen por los jardines de la urbanización,fue lo que llevó al matrimonio comprar dos casas adosadas; una para vivir y otra, para no tener vecinos.


 En la segunda casa - amueblada con todos los detalles - nunca ha vivido nadie; excepto el novat@, por obra y gracia del préstamo, que habitualmente hace el matrimonio, para que pueda disfrutar de las delicias de Bonmont.

 El novat@ consciente del valor del regalo, cuando está allí, ofrece a Rosa y su familia alimentos cocinados. Rosa siente urticaria por la cocina - de hecho nunca ha estrenado la de la casa. La familia come, cena, desayuna y merienda en el restaurante de la Casa Club. El marido está hasta las narices de comida de restaurante; así que, cuando el novat@ les dice, que les va a hacer unas patatas con rabo de toro, PePe con nostalgia murmura: ¿Cómo las que hacia mi madre?

 Rosa es excelente en todo y para todo; es una madre ejemplar. Es una gran empresaria, y sobretodo, es una gran persona. Buena y solidaria; pero, incapaz de distinguir, si unas croquetas están fritas o no. El novat@ lo descubrió un día, que le regaló un kilo de croquetas caseras - que los niños decían, les apetecía comer; las trajo recién hechas y entregó la bandeja a Rosa. Ella llevó la bandeja a casa de una amiga, para que las friése. La amiga, al ver las croquetas doradas y crujientes, le dice:


  - Rosa, ¿si ya están fritas? ¿no?

 Ella, con la inocencia culinaria que la adorna, mira muy sorprendida a su interlocutora, y responde:

 - ¿Sí? ¡Ah! ¿Están fritas...? ¡Ah! ¡Bueno, me las llevo a casa!

 El golf nos unió, la vida nos ha separado físicamente; sin embargo, la distancia, en nuestro caso, no es el olvido.

 Rosa, un beso.

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